DISCURSO CEREMONIA TERMINO CURSO VIII ESCUELA SINDICAL FEN 2019


Muy buenas tardes a todas y todos los presentes.

Mis primeras palabras deben ser de reconocimiento y agradecimiento a aquellos que hicieron posible que estuviéramos aquí, a los organizadores de esta escuela sindical, a los profesores, a los alumnos de la FEN, a aquellos que participaron en labores de soporte administrativo, a quienes nos tuvieron un café caliente antes de entrar a clases y a quienes se encargaron del orden y aseo de las salas. Todas esas son manos trabajadoras que nos apoyaron en esta etapa de aprendizaje y toma de consciencia.

El trabajo que hacen las escuelas sindicales es de la máxima importancia para el desarrollo sustentable de nuestro país. Vivimos en un país con una economía hiperconectada, extremadamente dependiente de los vaivenes internacionales y en una perpetua vía al desarrollo. Un desarrollo que ha sido en base al trabajo y sacrificio de los millones de trabajadores de Chile. Solo basta hacer mención que esta economía solo fue posible gracias al ahorro de todos nosotros y nuestros padres y madres en las AFP.  

Vengo de familia nortina, minera, con olor a caliche y cobre. Donde se hablaba del pago en fichas y de pulperías. Del trato diferente entre “gringos” y chilenos (que ahora llamaríamos discriminación), pero que conocí también en mis inicios laborales entre contratados y subcontratados por allá por los 90. Y que aún subsiste, como si existiesen trabajadores de primera y segunda clase, comprobado a través de los relatos de cientos de compañeros y compañeras de rubros tan diversos como la salud, pedagogía, empresas petroquímicas, de seguridad, aseo, entre otros.

Si queremos un país desarrollado, este desarrollo debe ser más que económico, más que estadístico, más que el PIB.

Permítanme citar un verso de Nicanor Parra - “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”. Ese tipo de estadística creo que no nos sirve, pues este desarrollo debe incorporar a todas las personas desde la perspectiva de su dignidad y no solo de su capacidad productiva o de consumo.

Nuestra sociedad ha cambiado, las nuevas generaciones son radicalmente diferentes a nosotros y a nuestros padres. Este país es muy diferente de hace 40 años atrás, de hecho, es muy diferente de hace 5 años atrás. Estos cambios deben ser percibidos por los sindicatos y movimientos de trabajadores.

La estadística en materia de tasa de sindicalización de los últimos años muestra un sostenido aumento de la sindicalización. Entre 2014 y 2017, la tasa de sindicalización subió en 4,7%, situándose en 20,9%” (Fuente Informe Consejo Superior Laboral). La tasa de sindicalización en 2018 se situó en 20,6%, lo que corresponde a 1.043.709 trabajadores afiliados, de un total de 5.068.370 trabajadores asalariados.

La incorporación de la generación milenial al mundo laboral, el aumento y empoderamiento de la fuerza laboral femenina y la llegada de los migrantes, están trayendo cambios estructurales a la economía, a las empresas y por cierto a los sindicatos.

La generación milenial tiene acceso total a la información, son hiperconectados, con una capacidad de comunicación y coordinación mayor. Asimismo, la fuerte entrada de las mujeres al mundo laboral ha implicado cambios conductuales y de gestión que a los hombres aun nos cuesta asimilar. Los milenials y las mujeres trabajan mejor colaborativamente, toman decisiones de otra manera y priorizan la familia y el tiempo propio sobre el tiempo en el trabajo.

Conductas que antes eran consideradas “normales” dentro del ámbito laboral, ahora están fuera de lugar, incluso algunas tipificadas en los reglamentos internos de las empresas y en la legislación laboral, como acoso, sea sexual o laboral.

Los trabajadores migrantes constituyen uno de los grupos de mayor vulnerabilidad desde perspectivas tan variadas como la social, lingüística y laboral, dimensiones que los sindicatos deberán ser capaces de incorporar en sus estructuras, a través de acciones que permitan derribar prejuicios instalados en nuestra sociedad y que entendamos que las oportunidades laborales deben ser para todos los habitantes del territorio, sin distinción de origen, sexo, color o raza.

Nos enfrentamos a una época extraordinaria, que requerirá de líderes sindicales extraordinarios y extraordinariamente preparados, que puedan pararse de tú a tú en una negociación colectiva con los estamentos gerenciales de las compañías y con las habilidades para encantar y motivar a más trabajadores a sumarse a sus organizaciones, dejando atrás temores y desesperanzas aprendidas.

Estamos inmersos en la Cuarta Revolución industrial y conocemos lo que ha sucedido en las anteriores revoluciones industriales. Este proceso será muy diferente para los trabajadores y trabajadoras de empresas donde impere el individualismo y no haya representación sindical, que en aquellas donde se trabaje por el bien común y cuenten con una sólida implantación sindical, con sólidos derechos de acceso a la información y participación en la gestión de la empresa. Donde se trabaje, investigue y movilice en busca de nuevas ideas, esfuerzos y compromisos para abrir nuevos campos y nuevas reivindicaciones relacionados con la capacitación, la salud en el trabajo, la distribución del empleo, la inclusión o la reducción de las horas de trabajo. Donde la gestión sustentable sea una exigencia de sus trabajadores y trabajadoras. Y donde la acción política sea capaz de exigir nuevos esfuerzos al Estado que permita repartir de manera más justa los beneficios que nos anuncia la Industria 4.0

Esta es una era de grandes dicotomías. De una reducción drástica de costes, de robots sin enfermedades y con energía y concentración continuas, que pueden generar una gran división social, con más desigualdad e injusticia, tanto como, un nuevo renacimiento para la humanidad, con un reparto inteligente y sabio del trabajo y la disminución de las largas jornadas laborales.

Esta es una época del Trabajador - Consumidor, del Doctor Jeckill y Mr Hide, que exige sus derechos en su trabajo, pero que quiere su “cuarto de libra, ¡ahora!”, cuando está en sus días de descanso.

Se escucha hablar de nuevos conceptos referidos a la Industria 4.0 como: fábricas smart, digitalización, big data, internet de las cosas, impresoras 3D, robots y sensores, inteligencia artificial y machine learning, entre otros conceptos; pero se presta muy poca atención e interés en analizar los riesgos de la masiva destrucción de empleo si la nueva revolución industrial y tecnológica responde solo al objetivo de reducir costos, a maximizar los beneficios y las ventajas de los incrementos de productividad y el reparto de dividendos a los accionistas y el pago de los altos sueldos a ejecutivos.

El reto del sindicalismo del siglo XXI, será conseguir que en el centro de Industria 4.0 estén las personas.

Quisiera terminar este discurso con una anécdota que me encontré al preparar este discurso:

En el año 1953, Henry Ford II, Presidente y nieto del fundador de la Ford Motor Company, se encontraba realizando una visita a las instalaciones de la nueva y más automatizada planta de montaje de automóviles Ford en Cleveland, Ohio, junto a Walter Reuther, reconocido dirigente sindical de la United Automobile. Henry Ford le pregunta a Walter durante su recorrido –“¿cómo va a conseguir que esos robots paguen sus cuotas sindicales a la UA"? Y sin perder tiempo, Walter Reuther le respondió: “Henry lo que yo me pregunto es, ¿cómo va a conseguir usted que esos mismos robots le compren sus coches?”.

Gracias

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