DISCURSO CEREMONIA TERMINO CURSO ESCUELA SINDICAL PRIMER SEMESTRE 2018


Muy buenas tardes a todas y todos los presentes.


Mis primeras palabras deben ser de reconocimiento y agradecimiento a aquellos que hicieron posible que estuviéramos aquí, a los organizadores de esta escuela sindical, a quienes nos hicieron clases y talleres, a aquellos que participaron en labores de soporte administrativo, a quienes nos tuvieron un café caliente antes de entrar a clases y a quienes se encargaron del orden y aseo de las salas. Todas esas son manos trabajadoras que nos apoyaron en esta etapa de aprendizaje y toma de consciencia.

El trabajo que hacen las escuelas sindicales es de la máxima importancia para el desarrollo sustentable de nuestro país. En estas mismas aulas donde se formaron y forman abogados, jueces, parlamentarios, presidentes como también miembros de grandes directorios de empresas y empresarios, deben formarse los grandes dirigentes sindicales que el país necesita.

Vivimos en un país con una economía hiperconectada, extremadamente dependiente de los vaivenes internacionales y en una perpetua vía al desarrollo. Un desarrollo que ha sido en base al trabajo y sacrificio de los millones de trabajadores de Chile. Solo basta hacer mención que esta economía solo fue posible gracias al ahorro de todos nosotros y nuestros padres en las AFP.  

Vengo de familia nortina, minera, con olor a caliche y cobre. Donde se hablaba del pago en fichas y de pulperías. Del trato diferente entre “gringos” y chilenos (que ahora llamaríamos discriminación), pero que conocí también en mis inicios laborales entre contratados y subcontratados por allá por los 90. Y que aún subsiste, como si existiesen trabajadores de primera y segunda clase, comprobado a través de los relatos de mis compañeros y compañeras presentes de rubros tan diversos como salud, retail, callcenters, seguridad, aseo de jardines entre otros.

Si queremos un país desarrollado, este desarrollo debe ser más que económico, más que estadístico, citando un verso de Nicanor Parra - “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”. Ese tipo de estadística creo que no nos sirve, pues este desarrollo debe incorporar a todas las personas desde la perspectiva de su dignidad y no solo de su capacidad productiva o de consumo.

Nuestra sociedad ha cambiado, las nuevas generaciones son radicalmente diferentes a nosotros y a nuestros padres, este país es muy diferente de hace 40 años atrás, de hecho es muy diferente de hace 5 años atrás. Estos cambios deben ser percibidos por los sindicatos y movimientos de trabajadores.

La estadística en materia de tasa sindicalización de los últimos siete años muestra un sostenido aumento de la sindicalización. Entre 2014 y 2017, la tasa de sindicalización subió en 4,7%, situándose en 20,9%” (Fuente Informe Consejo Superior Laboral). La incorporación de la generación milenial al mundo laboral, el aumento y empoderamiento de la fuerza laboral femenina y la llegada de los migrantes, traerán cambios estructurales a la economía, a las empresas y a los sindicatos.

La generación milenial tiene acceso total a la información, son hiperconectados, con una capacidad de comunicación y coordinación mayor, asimismo la fuerte entrada de las mujeres al mundo laboral ha implicado cambios conductuales y de gestión que a los hombres aun nos cuesta asimilar. Los milenials y las mujeres trabajan mejor colaborativamente, toman decisiones de otra manera y priorizan la familia y el tiempo propio sobre el tiempo en el trabajo. Conductas que antes eran consideradas “normales” dentro del ámbito laboral, ahora están fuera de lugar, incluso algunas tipificadas en los reglamentos internos de las empresas como acoso, sea sexual o laboral.

Los trabajadores migrantes constituyen uno de los grupos de mayor vulnerabilidad desde perspectivas tan variadas como la social, lingüística y laboral, dimensiones que los sindicatos deberán ser capaces de incorporar en su estructuras, a través de acciones que permitan derribar prejuicios instalados en nuestra sociedad y que entendamos que las oportunidades laborales deben ser para todos los habitantes del territorio, sin distinción de origen, color o raza. Estos hombres y mujeres que migran lo hacen en búsqueda de mejores oportunidades y con escaso y muchas veces pobre equipaje, pero traen consigo la riqueza de su cultura y su experiencia social y sindical. Un país inclusivo es un país donde debe haber lugar para todos.

Nos enfrentamos a una época extraordinaria, que requerirá de líderes sindicales extraordinarios y extraordinariamente preparados, que puedan pararse de tú a tú en una negociación colectiva con los estamentos gerenciales de las compañías y con las habilidades para encantar y motivar a más trabajadores a sumarse a sus organizaciones, dejando atrás temores y desesperanzas aprendidas.

Para finalizar quisiera traerles a la memoria una película para niños, que creo que muchos habrán visto con sus hijos o con sus padres los más jóvenes. Y no sería malo volverla a ver, pero con otros ojos. Me refiero a la película “Bichos”, que es la historia de unas hormigas atormentadas por los saltamontes que las explotaban robándoles la comida que juntaban con su trabajo.

De ella quiero rescatar el siguiente dialogo:

Dice el Saltamontes, -“Las ideas son muy peligrosas para ustedes, solamente son unas perdedoras, vinieron a la tierra a servirnos”.

A lo que Flick, la hormiga protagonista responde – “Te equivocas, […,] estas hormigas han logrado grandes cosas y año tras año se las han arreglado para cosechar comida para ellas y ustedes, ¿Cuál? ¿Cuál es la especie más débil? […,] ustedes nos necesitan, somos más fuertes de lo que ustedes creen y les consta. ¿No es cierto?”.

Yo creo que si es cierto.

Muchas gracias a todas y todos, por la oportunidad de estudiar con ustedes y conocerlos.

Comentarios