Chile es un país que posee inmensas riquezas minerales, así como una tradición minera que se remonta al menos a la conquista española. La historia del país está muy relacionada con sucesivos auges mineros de distintos metales. El oro fue el principal metal que dio vida al periodo de la conquista y la colonia, luego la plata y el cobre, proporcionaron la base económica para el desarrollo del país durante su primer siglo de vida independiente. A finales del siglo XIX, se inició el auge del salitre en las regiones de Tarapacá y Antofagasta, seguido luego en la primera mitad del siglo XX, por el desarrollo mediante capitales norteamericanos de los grandes yacimientos de cobre porfírico, como Chuquicamata y El Teniente.
La industria del salitre natural, llegó a su mayor auge entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, llegando a existir unas 170 explotaciones, llamadas “oficinas salitreras”, las cuales fueron el escenario de una rica vida cultural, así como de los primeros conflictos sociales y políticos de Chile.
Pampa Unión, ubicada en la pampa del Desierto de Atacama a 200 km de Antofagasta en el km 180 de la ruta 25 a Calama, a unos 30 km al suroeste del poblado de Sierra Gorda. Fue fundada en 1911 por el médico chileno Lautaro Ponce Arellano quien creó un Sanatorio para que los accidentados y enfermos de las faenas salitreras de las cercanías tuvieran mayores opciones de sobrevida sin ser derivados al puerto de Antofagasta. Se instaló al costado de la Estación del mismo nombre de los Ferrocarriles Antofagasta-Bolivia FCAB, formándose a su alrededor de manera espontánea un poblado de corto, pero importante crecimiento para la región. Pampa Unión alcanzó su auge en los años 1920 bajo la administración de Antofagasta y su declinación en los años 30 con el decaimiento del comercio del salitre con Europa debido a la síntesis del nitrato en Alemania.
Pampa Unión fue declarada Monumento nacional por Decreto Supremo N°0716 del 17 de octubre de 1990, pero como muchas de las cosas que hacemos en Chile, está en completo deterioro, convertida en un microbasurero.
Somos un país, aunque muchos no lo quieran reconocer, forjado en la minería. Debemos dar cuenta de nuestro pasado, honrando a aquellos que dieron su vida en las faenas, pues a través de su sangre, sudor y lágrimas, se construyó esta nación. Sino protegemos nuestro pasado, menos lo haremos con el futuro. Las empresas mineras, los gobiernos regionales, las comunidades deben hacerse cargo de estos tesoros patrimoniales y de la memoria histórica.
Un trabajo mancomunado y coordinado sería un excelente incentivo para las nuevas generaciones, ejemplo de RSE, sostenibilidad y sustentabilidad para el negocio minero y la sociedad.

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